domingo, 22 de marzo de 2020

El clan

Foto: Cueva de Chauvet. Tomada de https://reydekish.com/2015/09/15/cueva-de-chauvet/

Un papelillo
que presume
ser el hueso antiguo de un oso
me dice que debo guardar silencio.

Nunca fui apto para el silencio.

Preferí, todas las veces,
la sonrisa de marfil
de un niño excitado
por los colores de la cajita
que se rompe
que se cae,
porque
no
somos
buenos
para recitar el círculo del clan.

Seguramente
vimos claro
nuestro animal de guarda.
Seguramente
pudimos
ser los hijos 
que derrotaban al lince
que abrían el cráneo de piedra a la hiena.

Pero no asumimos
el riesgo colosal de la bacteria
las puertas de nuestra vergüenza salvaje
nos conmueven como licántropos heridos
por la mueca socarrona del cráter.

Y es verdad
que hemos visto demasiado
que las paredes de nuestro cráneo comprimen
el límite cefaleo de nuestra memoria;
que estamos libres de culpa.

Un senegalés
puso en mi muñeca
el brazalete del elefante
y yo no supe
si quería dinero
o quería
que yo
fuera el elefante.

Pero no conocemos
el Mí reflejante de la nieve
al paso ambiguo de la oveja, 
y hablamos por nervio
a que este invierno
los pájaros blancos
rieguen, de su cuerpo,
la cal dromedaria de la costumbre.

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