Toca para apoyar mi trabajo.

POWr Video Slider

¿Alguna vez te has preguntado cómo sobreviven los artistas? - Me ayudas mucho con un click

A un lugar sin lugar

POESÍA


POESÍA

Canta, ¡oh, musa!
la historia del escriba sin nombre
o de un nombre que olvidó su lugar;
cuéntale al desierto
que no supe hablar
cuando el temblor se hacía patrocinio,
cuando vi en una pantalla pequeña
que una mujer de piernas largas
-lotes de cien-
coloreaba la selva con verde 009933;
que no supe defender tu frontera
porque no conocía tu frontera
porque la había visto
en un carro que toma tres fotografías por segundo,
el carro no vale la pena.

Habla de un tiempo común
en que el trueno veía el atardecer
y a los pedagogos de la conciencia
sin miedo a un espíritu maquilado
que invade nuestra palabra con la catacresis,
catacumba.

Si la poesía estaba dormida
es porque pertenece al tiempo del coyote,
al abrigo del druida,
a la piedra
y no propiamente a las ganas de ponerle coordenadas
al vapor del bosque
al vapor de la turbina;
no propiamente al silencio.
Pero miento
ya la afición
hacía canciones que parecían himnos turbios,
canciones que eran botellas sobre las varillas de los edificios,
canaletas para vaciar el agua de los conventos.
Tú viste que había que contar la historia del monje
que le quitaba la ropa a Juana en el templo de San Jerónimo
y la preñaba de una culebra
que cuando nació reptó su vientre
y la asfixió en el acto;
la monja chilla en el grito muerto de la campana
para que diez gusanos más
salgan por su vagina
y hagan hoyos diminutos en la duela
para buscar su presa débil
en la fosa común;
tú viste que todos saben dónde está la fosa
pero hacen como que no saben
porque qué poco respeto hablar de fosas
cuando hay hombres que reparan pianos
y contratos de arrendamiento.

Dime por qué si hay diversiones más sutiles
-la prensa, por ejemplo, el gas que mató a los mineros-
me ocupo de escribir del piloto ebrio
que va a arreglar una visita de una semana
a la familia del migrante
y pienso que en realidad va a hacer saltar del avión al migrante.

Dime por qué escribo de la bestia
que tomaba el cuerpo del Señor de las Moscas
o del Judío errante, maldito por Jesucristo,
el que llevaba una cruz de fuego en la tez,
el que persigue a los niños en un laberinto de alambre;
por qué cuando volteo
veo al niño que se atora del zapato
pero no lo consume la oscuridad:
el alambre atraviesa el cuerpo de papel
y la sangre no es negra,
no hay.

Pero canta, mejor
del mito del contorno,
de la etiqueta que decía “Cerveza de mar”
pero yo sabía que el mar no cabe ahí.
Cuéntales
que en una roca,
la conciencia cede a la presión del aire y se avienta,
que mientras cae, el individuo alcanza a sentir la humedad,
la mirada ajena que ve cómo sus pulmones son perforados
por el sinsentido del fierro,
antes de volverse parte de las hojas;
el individuo alcanza a preguntarse quién es, un sonido agudo responde:

Ya no alcanza el ímpetu de tus abuelos que tenían medio rostro mirando a Europa, medio rostro cubierto por la capa. La extravagancia de su frente se lee distinta. Mientras alguna secretaría imprime la saliva de sus bocas, mártires con anemia en los libros de texto.

La roca responde:
hace saltar la tierra
y no le importa el tiempo progresivo,
la fuerza oculta donde el guía se pierde
porque quién sabe quién contará a los muertos,
quién sabe quién se extraña con los muertos.
Entre la razón y la emoción,
está la gota necia que es, mejor, una perforadora,
mejor, un avispero,
el libro que nos inseminan
que no fecunda
porque las mentiras no son casas de gusanos
ni la mezcla bien fraguada
ni la matriz
ni el símbolo.

Flotaba, hace poco
en las cordilleras salvajes de África,
en Monrovia, en Mali,
en el rollo de una cámara que conoció la guerrilla triste de los niños-generales
y me pregunté cuántas fosas se necesitan para declarar la guerra,
sin tener miedo de lo que dicen los pies hechos del negro de la carie.

¡Que el sonido de los nervios que se desgarran,
que el olor de un tambo donde crepitan huesos
te recuerde del movimiento,
de la voz sincera y sin Cristo del bien y el mal!
La ficción nos está matando,
el vehículo ideológico es manejado por un adolescente,
el ala izquierda sacó chispas en la barra de contención
y un poste le cayó al copiloto.

Canta ¡oh! musa
la historia del escriba sin nombre
o de un hombre que olvidó su lugar
y de esos que mataban mientras dormían.
Que duerman,
que se les cicatrice la boca,
sin boca,
que duerman.



You Might Also Like

0 comentarios

La forma de apoyarme es haciendo click (no se te pega virus)

Política de uso


Todos los textos e imágenes aquí publicadas pueden ser difundidas sin fines de lucro por cualquier medio siempre y cuando se haga referencia al autor. Queda estrictamente prohibido lucrar con una parte o con la totalidad de los textos e imágenes sin previo aviso al autor y sin pagar las regalías correspondientes. Este sitio es completamente autogestivo y utiliza cookies de Google Adds para sostenerse.

--------------------------------------------------------------------------

All images and texts published in this page can be distributed non-profit, but you will need to reference de author. It is forbidden to use a part or the totality of texts and images for economical profit without permission of the author and without paying royalty. This site is completly selfgestive, we use Google Adds cookies to finance it.